Altavoces que revientan los oídos.
Dejar que la presión golpee las vísceras...
Vetusta Morla cojío un puñado de cientos y nos puso a cantar bajo la lluvia de una plaza recien nacida de Lorca. Cuando la lluvia hizo que lo eléctrico agonizara, ellos cambiaron los cables por las acústicas y se sentaron al borde del escenario.
Cuando sus voces ya no se elevaban saltaron, a pelo, hasta el centro de la plaza y allí, sentados en el suelo y colgados de los arboles, coreamos un concierto que no parecía otra cosa que un macrobotelleo sin alcohol, una hoguera de fuego que no era naranja, una luz bajo la lluvia repleta de voces sin voz, de coros sin toga, de lagrimas que no caen y otras que, bueno... sencillamente no se dejaron ver tan fácilmente.
El primero de muchos qué contar.
Mírame!
Soy Feliz
Tu juego me ha dejado asi...
Por cierto, no es que me esté volviendo blandita...
Es, sencillamente, que esta parte no la conocía ;)
Etiquetas: Música, Querido Diario
Veo que vas muy bien, a seguir así.
Besos.