30-jun-2008
Crónica futbolística (absurdo mode on)
Hoy somos españoles. La cosa está así.
Mañana volveremos a darnos cuenta de que la gasolina va más -mucho más- cara que la sangre.

Yo no sé de fútbol ni de futbolistas. En mi planeta los deportes se juegan con balones hinchables de Nivea. Pero ya se lo decía a mi dulce Veronika el sábado, cuando volvíamos caminando de la mano de los versos de un Sabina gratuito bajo el cielo lorquino: últimamente me emociono facilmente. Pero hasta yo empiezo a atragantarme de tanta emoción.

No ví el maldito gol. Mientras se marcaba yo estaba más pendiente de un Clive Owen que le da siete vueltas al niñato que resulta ser el nuevo James Bond, el tal Craig. Pendiente de cómo Paul Giamatti le partía los pulgares, de cómo el viejo John McClane -yippi ka yei, hijos de puta!- se mea en bragas tras el golpe en 9mm que asestaron Frank Miller y Robert Rodriguez a esto del cine de pegar tiros...

Luego no tuve más remedio que ver algo de dicho partido... De ver algo. Aún no sé qué.

Ví un orangutan calvo con gafas que braceaba, seguramente por tener cerca el culo de otros monos más coloraditos.
Los otros monos: los rojos cada vez más rojos, los blancos cada vez más amarillos.
Peones, alfiles , una Torre -dicen que había más pero yo no ví ninguna- y luego el Rey y la Reina. ¿Llevaba la Reina una chapa? Si, yo llevo una chapa de Enjuto, la reina también.
Al presidente lo dejamos porque el hombre parecía fuera de lugar, como en todas partes -¿dónde estará cómodo este hombre?-...

Y hoy la nausea. Sentí lo contrario al chobinismo cuando visité Canadá, un país donde se enorgullecen de serlo, dónde cada matrícula reza un Je me souviens... Y si, me da pena que sólo seamos españoles cuando otros son peores que nosotros. Lo de siempre: no es que apostemos por nuestros buenos, es que nos alegramos de que los demás sean malos. Triste.
Igual de triste que otros muchos españoles, que hoy no pueden poner una bandera porque sus paisanos les tiran piedras...

Ibarreche -a.k.a. Mr. Spock, a.k.a Zachary Quinto- con sus consultas populares, como si de un cuestionario de la cosmopolitan se hablara. Los de Cataluña con sus cosas y los gallegos igual. Eso no me preocupa. Me preocupa que si alguien quiere apostar la bandera más grande de su patria venga un vecino y le insulte. Me preocupa que alguien piense que tanto futbol es necesario, que hacer un docudrama televisivo de la muerte de Miguel Angel Blanco es necesario, que olvidarnos de que el padre de Mari Luz sigue pidiendo justicia es necesario...
Me preocupa y me toca los cojones, como dice mejor que yo un buen amigo mío.

Pero bravo por cada lágrima patriótica que se haya caído a la calle. Bravo.
Aunque yo soy de otro planeta. Aqui jugamos con balones de Nivea y el heroe nacional no es Torres sino el culo -¿o era la culata?- de Owen. Y el que no se lo crea, que le de al play .
Qué país más absurdo, coño.

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28-jun-2008
El dia que murió Superman
Me conocéis.
Sabéis de mi debilidad por el Hombre de Acero.
Me sonrojo mientras se me cae una sonrisa al suelo, sobre mis pies juntillas.

¿Sabéis? Él me salvó la vida una vez aunque nadie sabe cuánto de cierto hay de eso.
Por eso siempre ha existido una pequeña deuda entre el kryptoniano y yo y aunque pueda resultar ofensivo -o idiota- para el mundo de ahí fuera, lloré por él el día que murió.

Hace unos pocos días me encontré con esa edición Letal de La Muerte de Superman y bueno, no me sorprendió más de lo que lo hizo aquel viejo cómic original que encontré un día en un bazar aunque me emocionara como el primer día.

Y ese momento me trasportó al que verdaderamente me rompió el corazón.

Allá por el 2004 yo me encontraba rota y en plena labor de recuento de víctimas de mi propia hecatómbe termonuclear... pero el bueno de Supes me elevaba por encima del desastre recordándome como me había salvado la vida años atrás. El dolor, la injusticia y la rabia pesaba menos allá arriba, up, up and away...
Pero ay, al buenazo de Clark Kent, Ive got cha! y quien prefería su silla de ruedas a su capa roja, al héroe que fue Chris Reeve, se le partió el corazón. Y no pude saldar mi deuda como hizo él.

Amablemente os pasáis por aquí y, os guste o no, lo entendáis o no, me dejáis un pequeño guiño, un soplido de aliento al pequeño corazoncito mio dejado en este blog.
Y me hacéis inmensamente feliz. Sobre todo porque mi corazoncito sigue creyendo que un hombre puede volar y claro, sufre mucho cuando constantemente le dicen eso no se puede hacer, eso no puede ser, esto no puede funcionar...

Tengo un tatuaje. Casi invisible. Nadie puede verlo pero me sirve para recordar al Hombre de Acero y lo que hizo por mi, para recordar que un hombre si que puede volar, que yo no estoy sola en este mundo de locos y que, vaya, seguro que hay alguna forma de que esto funcione...


Gracias a vosotros, por acompañarme en este vuelo,
cuando parece que puedo volver a caerme.
Gracias a él, porque me enseño a volar.



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26-jun-2008
Folie a deux



Me tienes confusa, emocionada, pequeña.
Hacía diez años que no te veía, no sé cómo te reconocí.

Un guiño: dices que nunca me dejaste sola.
Sonrio. Maldita seas. Claro que me dejaste sola
¿no viste que me rompí?

Hoy, sin venir a cuento, te me agarraste al corazón de un salto.
Pequeña mía, ¿dónde has estado?

Saltas, inquieta, te muerdes los nudillos de pura emoción.
Has cambiado un poquito, creo, ¿o son mis ojos?

Te sigues elevando sobre las puntas de mis pies como al principio.
Nunca has tocado el suelo. No ha hecho falta.
Incontenida te brotan los grititos inaudibles, infantiles, inefables.

Te eché de menos, cielo, recién me di cuenta ahora.
Sientaté aquí conmigo, ven, bajo el roble, va.

Te me quedas mirando con los ojos muy abiertos,
¿Qué? sonrío a dientes llenos.
"¿Qué te ha pasado?"

Me dejaste. Me perdí. Me rompieron. Rompí a otros.
Aún hoy, antes de que tu llegaras, deseaba ser
capaz de matar a alguien con mis propias manos.

"Ya sé a quién dices", dulce.
Dices que no puedo hacer eso por estar igual de enferma.

Me sonries. Me confortas. Maldita seas, ¿dónde te metiste?
Te pones de pie de un salto y tiras fuerte de mi mano.

"Vamos, tenemos mucho que hacer"
No podía haber sido mejor.

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posted by Duckland at 10:58 | Permalink | 7 comments
24-jun-2008
Consejos
- Te has mudado el alma esta mañana?
- Me olvidé...
- Pues cámbiatela, no sea que te pase algo y al registrarte digan que tienes una mala madre!

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posted by Duckland at 18:11 | Permalink | 7 comments
23-jun-2008
Un día bonito
¿Sabeís de esos días en los que a uno no le apetece ser nada más que lo que es?
Un bonito día como el de ayer, por ejemplo. Y no porque fuera domingo, no señor.

El lienzo se plantaba y lo ignoré. Las cuerdas se tensaron y pasé de ellas.
Si me despisto es que no hago ni de comer, joroba.

Esas cosas no se planean, pero el día comenzaba en el suelo, con el colchón de verano aquel que tiro desde el somier y que hace que las santas madres se tiran de los pelos un año tras otro. Una o ninguna tradición: mi verano llega cuando las primeras horas de la madrugada me dan en el tejado y mi colchón yace en el suelo, cual futón venido a más. Y con los ojos a medio traer, una película.

La Princesa Prometida.
Si, ya, bueno.




No me mireis así. Es lo que soy cuando el calor no me deja llevar rol alguno...

Pobres de aquellos que no tengan sitio ni fé ya para un ratito de cuentos de hadas con sus Buttercups, Hamperdincks y sus guapísimos rubísimos enmascarados espadachines de bigotillo francés.

Recordar que el buenazo -connotaciones todas- de Westley es además el Robin Hood de Mel Brooks y el último director adjunto del FBI Brad Follmer. Darme cuenta de que el bueno de Montoya es el fulano que se comió una bala en Mentes Criminales.


Hola, me llamo Iñigo Montoya. Tu mataste a mi padre. Prepárate a morir.

¿Puede haber mejor frase para un buen día?


Un día bonito para mi es el que me permite zamparme todos los Flash-golosina y los Calipos que pueda encontrar. Es recrearme con el Sharp Dreesed Man de otro rubiales ignorante de la existencia del secador de pelo o enredarme con la capa roja de mi alien favorito. Es escuchar a Nacho Vigalondo ensalzar un planazo de Expediente X.

Un día bonito para mi es que mi gurú me llame en la madrugada, cuando el tejado hace ecos y me dice no-se-qué de irnos al Caribe a quemar todos los cartuchos habidos y por haber. Y quién le dice que no?


Pero lo mejor de un día bonito, de largo, es encontrarme con un pequeño tesoro chillón.

Una bola de pelos que me mordisquea los dedos y que por fuerza tiene que ser hijo de uno de los petardos malcriados que guardan mi casa. Un gatito a rayas que se parece hasta la perdición a mi difunta gata bengalí. Veronika, ya soy abuelita!



Menos mal que esos días pasan muy de vez en cuando que si no, me abandonaría yo también si pudiera. A ver si me vuelve la vena tragicómica y seguimos escribiendo que si no esto se va a convertir en otro aburrido blog pseudo virtual




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posted by Duckland at 7:53 | Permalink | 4 comments
21-jun-2008
Animal psicótico
Me duele caminar descalza.
Un zapato en la mano, una palanca en la otra.
Todavía puedo oirlos gritar, allá atrás, en el suelo.


*-*-*

El calor no me deja pensar. Miento. El calor no me deja pensar normal.
Murió Chema, el panadero cocainómano de Barrio Sésamo.
Una actriz de telenovela despertó de un coma profundo al oir una canción.
Llaman a Raphael el Rey de la Copla Gótica siendo lo mejor que he escuchado en toda la semana.
Descubro que Bruce Willis se llama en realidad Walter Willinson y lloro.
Carter dice que me voy a morir de miedo.
Le contesto que lo haré antes de asco.
Saco los pinceles y acabo rebozándome en pintura negra y roja.
Me bajo unas cuantas tablaturas, pierdo la pua y utilizo una cucharilla de helado.
Repongo mis botellas y añado unas cuantas más. Ha vuelto el buen humor.



La otra noche, mientras mi vestido vintage rojo y sus zapatos a juego asfixiaban la falta de práctica, me poseí a mi misma y mientras hablaba del ciclo dedicado a novela histórica tarareaba mentalmente una canción cuyo video me había provocado un par de rubores inesperados.
Salió bien, creo. No me presté atención.

Conocí a un viejo poeta que le hubiera gustado -ver muerto- a mi profesor de lengua en la carrera, de esos que hablan de niños que vuelan y madres embarazadas. El tipo me leyó la mano:
-"eres fuerte y nerviosa pero te desarman cuando te tocan el corazón".

Tamaña frivolidad me evocó una arcada. Pero por suerte se impuso el absurdo cuando me habló de crear sujetadores que permitieran libertad a los pezones o cuando me sugirió un cambio de estilo para mis cejas.
Mis cejas, mi buen señor, tienen vida propia así que apartesé si no quiere que le fustiguen mientras se carcajean de pura y limpia maldad.

Y he aquí el desenlace del cuento:
Tras una noche de cuellos estirados y composturas modulares los profesores universitarios y concejales varios me invitaron a compartir mesa en el restaurante más selecto del pueblo. En ese mismo instante un renault se comía la acera y antes de bajar la ventanilla explotaba un grito tribal:

- NENAAA, QUE NOS VAMOS AL MERENDEROOo!!

... tres segundos de miradas cruzadas después ...

- Discúlpenme, pero aquellas señoritas y yo tenemos una partida de bridge pendiente.

Y con un par de saltitos andaba yo descalzándome de mis zapatos rojos y mi rol de periodista refinada mientras un baute cualquiera boqueaba por los altavoces.

*-*-*

No debió seguirnos.
No debió intentar convencerle de que era mi boca lo que estaba besando.
Ya no los oigo, ¿dónde estará mi otro zapato?.

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posted by Duckland at 8:43 | Permalink | 6 comments