
No pierdas, pues,
el rumbo de tu corazón.
Sólo aquello que eres has de ser
y aquello que no eres, no.
Así, en el mundo, tu modo sutil,
tu gracia, tu bellísimo ser,
serán objeto de elogio sin fin
y el amor... un sencillo deber.
Edgar Allan Poe
Lo que mi maestro olvidó relatar
en sus serenos huecos de barra
no es otra que la aciaga condena
del que atrapa en exceso su pena
revienta la sangre con su garra
y el corazón maltrecho al desatar.

